Los abrasivos vegetales se utilizan mucho más de lo que pueda parecer en un principio para el tratamiento de superficies en el sector industrial.
Por supuesto, forman parte de los abrasivos ecológicos, y eso les da mucha más importancia porque evitan gran parte de la contaminación que se asocia a este tipo de trabajo.
Pero lo interesante es que además, ofrecen unos resultados de calidad, por lo que son materiales muy a tener en cuenta.
La verdad es que la elección del abrasivo suele ser una tarea complicada si no se cuenta con la experiencia adecuada, y por eso, en este artículo vamos a analizar los abrasivos vegetales, para que conozcas sus propiedades y sus tipos.
¿Qué son los abrasivos vegetales?
Si nos detenemos a examinar las técnicas de desbaste y pulido que se emplean en los talleres industriales, o en los laboratorios de restauración, se pueden ver materiales de origen vegetal, los cuales, por cierto, muchas veces sorprenden por su eficacia.
Los granos de estos abrasivos para chorreado y granallado de origen vegetal se obtienen a partir de cáscaras, semillas o fibras que, tras un tratamiento, adquieren la dureza suficiente para retirar capas superficiales sin rayar el sustrato.
Como decimos, estos elementos provienen de las cáscaras de los frutos secos, o de residuos agrícolas, los cuales son sometidos a una molienda controlada para ajustar su tamaño.
De hecho, la calidad de los abrasivos vegetales depende en gran medida de su procedencia y del grado de pureza conseguido en su preparación.
Cuando aparecen impurezas de origen mineral, o restos lignocelulósicos, la textura se vuelve irregular y corre el riesgo de originar marcas indeseadas cuando se utilizan para el tratamiento de superficies.
Por ese motivo, los laboratorios equipan en sus plantas sistemas que evitan que partículas demasiado grandes, o demasiado finas, alteren el comportamiento esperado, para que haya una calidad constante en cada lote.
¿Qué características tiene un abrasivo vegetal que lo diferencian del resto de materiales?
La verdad es que los abrasivos de origen vegetal se comportan de un modo muy distinto a cualquier mineral tradicional.
Su superficie ofrece aristas irregulares que actúan con precisión al frotar un material, sin dejar residuos metálicos ni alterar la química de la pieza.
Dicha rugosidad controlada, proviene de la propia estructura de la pared celular de la fibra, que la hace resistente al desgaste, pero lo bastante flexible para absorber la tensión del trabajo sin fragmentarse en polvo fino que acabe distribuyéndose por el ambiente.
Por eso, quienes desarrollan esos granos son profesionales que conocen bien el proceso para mantenerlo estable, y este se inicia con un lavado en soluciones suaves que arranca restos grasos y compuestos orgánicos volátiles.
Por otra parte, las propiedades químicas también tienen una gran importancia en su rendimiento, ya que al carecer de componentes alcalinos, o metales pesados, no se produce reacción con barnices, ni sellantes.
Eso evita que se formen burbujas, o marcas de corrosión tras el pulido. Además, tras el uso, estos fragmentos pueden tratarse como residuos orgánicos.
¿Qué tipos de abrasivos vegetales existen?
Aunque pueda parecer increíble, hay abrasivos vegetales que pueden ser tan duros como piedras pequeñas, y las cáscaras de nuez encabezan este grupo, puesto que su estructura leñosa, rica en compuestos fenólicos y con alta densidad, soporta una gran cantidad de impactos sin fracturarse.
En las fábricas, los granos de 0.5 a 3 mm se usan para decapar pinturas en piezas, o para limpiar moldes de inyección, por que eliminan capas finas sin rayar sustratos metálicos.
Pero no todos los trabajos necesitan tanta fuerza, y para las superficies delicadas, como los componentes electrónicos, o el tratamiento de superficies en la industria del mueble es cuando se deben tener en cuenta los abrasivos de origen cereal.
Por ejemplo, la cáscara de arroz, ofrece distintas características, y cuando es parbolizado, su sílice se reorganiza en estructuras microcristalinas con bordes afilados pero frágiles.
Luego están los abrasivos multiuso procedentes de las frutas, donde habría que mencionar los huesos de melocotón, o aceituna, los cuales, gracias a su forma redondeada, generan un acabado homogéneo en metales no férreos.
En ABShot somos expertos en el tratamiento de superficies con décadas de experiencia y distribuimos todo tipo de abrasivos, por lo que si quieres saber cuál es el más adecuado para el trabajo que quieres realizar, contacta con nosotros.


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